EFE
Bien
sabe el público de Woody Allen acerca de la importancia de diferenciar al
creador de la persona. Frente a las reiteradas acusaciones de abusos, en boca
de la hija enajenada, por parte de una Mia Farrow que perdió los papeles
–también los mejores– desde el preciso instante en que se separó de Allen, los
seguidores del cineasta han sabido trazar una línea impecablemente recta entre
la vida privada del artista y sus obras. Máxime cuando dichas acusaciones no
fueron nunca probadas; máxime cuando vuelven a lomos del neomacartismo metómano,
más sediento de trofeos que de verdad.
Woody
Allen fue recibido anoche con calurosos aplausos en el concierto que él y la
Eddy Davis New Orleans Jazz Band ofrecieron en Madrid. El repertorio entraba
dentro de lo esperado: standards y
piezas de sabor y sonoridad clásicos. La banda estuvo magnífica a lo largo de
la hora y media que duró el recital, pero sería faltar a la verdad decir que el
clarinete de Allen estuvo al mismo nivel. Dudo que ninguno de los congregados
esperase a un virtuoso, pero tampoco aquello. Desconozco si el fallo estaba en
el instrumento o en los pulmones de Allen, de 83 años, pero lo cierto es que
toda aquella nota que rebasó, bien hacia el agudo, bien hacia los graves, el
registro medio, sonó a todo menos a clarinete. No pude evitar recordar aquella
secuencia memorable de Toma el dinero y
corre (1969) en que el protagonista, Virgil Starkwell, intenta tocar el
violonchelo con una banda de viento, arrastrando su silla mientras esta desfila
a lo largo de una calle. Allen pareció encarnar anoche, cincuenta años más
tarde, al primer alter ego de su
larguísima filmografía.
A
pesar del desconcierto inicial no faltaron los aplausos. Aplausos tras los solos, aplausos al final de cada pieza y largos aplausos al artista tras las propinas,
al final de la velada, que no eran sino un indignado revulsivo contra la caza
de brujas del último año. Un cálido «Mr. Allen,
gracias por su cine. Gracias por traerlo a nuestras vidas. Gracias por seguir
adelante».
Pocos públicos saben, como digo, diferenciar tan bien entre
el hombre y el artista. Puede que anoche más de uno marchase perplejo y sin
embargo satisfecho. A fin de cuentas, poco importaba el clarinetista. Era al
hombre al que habíamos ido a ver.
Woody Allen & The Eddy Davis New Orleans Jazz Band
Noches del Botánico. Real Jardín Botánico Alfonso XIII. Madrid. 20/06/2019.
Noches del Botánico. Real Jardín Botánico Alfonso XIII. Madrid. 20/06/2019.
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